La Pared de Mihaela 


La pared de Mihaela existe solamente adentro de las pantallas de plasma, en la imaginación de los transistores, de los procesadores que se iluminan como Buda a su verdad, que despiertan, que trascienden por las fuerzas karmáticas del http y el www y acceden a su inconsciente colectivo, o como nosotros lo llamamos: “Internet”.

Y en medio de ésta algarabía fantasiosa de gente de carne y hueso que vive, que respira y que plasma sus pensamientos, su ego, sus cogniciones escribiéndolas en el libro más importante que jamás ha existido, en un capítulo que se llama “Facebook”; en medio de las palabras, el ruido, la música, las discusiones, los cambios de estatus, las fotografías, en un foro para poetas conocí a Mihaela. Y después conocí un pedacito de su alma, no a través de la conversación, ni de las cartas, ni platicando, ni riendo juntos, sin observando su pared. Es por eso que conozco una parte de ella, aquella que le muestra a las decenas de personas que son sus amigos. Y eso que veo me gusta y me da nostalgia. Ha habido varias veces que “caminando en los tejados, como un gato sin dueño” me han dado ganas de llamarla, de verla, de salir a pasear con ella, invitarle un café, ver una película, ir a un concierto. Pero hay un monitor de distancia, y atrás de él: un óceano y tierra, y aviones y carreteras.

Le escribí una canción en un intento de acortar la distancia.


Mihaela cuelga en su pared
cuadros de canciones en francés,
retratos en blanco y negro y en color.
Escucha un tango
que se resbala en los suspiros de un amor
que cuando estuvo cerca no correspondió.
“Y sin embargo” es la canción que más nos gusta a los dos.

Mihaela ve películas de ayer,
y lee libros que la hacen comprender
que la vida es simple y que puede ser
como un bolero.
Que aunque termina nunca encuentra un paradero,
que es como gota de agua en un aguacero.
¡Que sin sabor!
Pensar que hay tanta tierra y mar entre ella y yo.

CORO
Y por la noches ella pinta su pared,
dibuja flores,
sube canciones,
imágenes de globos de helio de colores,
que se escaparon de las manos de un globero
para volar muy alto y perderse en el cielo
como se pierde el amor cuando más lo quiero.

Mihaela escucha ésta canción
y no está segura de mi afirmación
pues yo siento que a ella yo la conocí
en mi otra vida.
En Buenos Aires caminando al medio día,
alimentando a las palomas en Madrid.
Sobra decir que ésta ocasión será difícil coincidir.

CORO
Sobra decir que ésta ocasión será difícil coincidir.



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